La empatía como elemento de liderazgo.

A lo largo de mi vida laboral y desde que he tenido la responsabilidad de manejar grupos de trabajo,  navegué en la incertidumbre de la efectividad de ser un líder empático en donde al ponerme en el lugar de los colaboradores, estos sintieran a un líder cercano que se pone en su mismo nivel y que experimenten que el jefe puede ser parte integral del equipo, no solo desde la dirección, sino también desde el involucramiento en las tareas operativas  e incluso vean una puerta abierta para comentar algunos de sus sentires y porque no, hasta sus problemas  personales, obviamente, dejando claro que esto no significa tener una patente de Corzo para que se confunda con laxitud y que las obligaciones, responsabilidades, cronogramas y compromisos se incumplan y que se traslape la empatía con la permisividad.

He podido comprobar las bondades de aplicar una política de puertas abiertas, en donde los espacios de dialogo estén a la orden del día, en donde los temas sean tratados con respeto y en donde el subalterno sienta que tiene atención genuina por parte de su interlocutor, si esos elementos no se dan, los resultados se van a ver disminuidos y la relación va a sentirse postiza y protocolaria.

Un líder empático genera confianza y compromiso en su liderado, basado en el respeto y la reciprocidad, es posible lograr ese mismo efecto pero con la utilización del temor como herramienta de coacción de obligación y con un disfraz de disciplina, lo perdurable de este método es directamente proporcional a la tolerancia por parte del trabajador a este trato.

Un grupo de trabajo es exitoso si cada uno de ellos tiene pertenencia y es solidario con su par y empático en doble vía con el que oficia como guía.

Podemos vender este método como la panacea para obtener logros  sobresalientes en nuestra gestión, como responsables de las tareas, pero nunca, daremos el primer paso hacia el acercamiento con nuestro subalterno si no somos capaces de demostrárselo con actos sinceros y con actitudes amables, en donde esté claro el límite entre la cercanía y el respeto por el compromiso.

Es importante saber que este comportamiento debe estar por encima del estado de ánimo y de las circunstancias, sin olvidar que somos seres emocionales y sensibles a lo que nos rodea, pero con la suficiente inteligencia emocional como para poder darle manejo a esas situaciones y en últimas poder liderar con el ejemplo y enseñar que es posible abstraernos de esas realidades lo suficientes para que no viciemos los procesos laborales y estar serenos, para que, cuando quienes dependan de nosotros pasen por crisis sean capaces también de mantener la calma y la madurez para no afectar su desempeño.

Finalmente busquemos que no se rompa el equilibrio propuesto y que no termine la relación jefe – subalterno en un escenario de permisividad y en donde el respeto no sea el fundamento de este vínculo y termine en una anarquía, en donde todos los miembros del equipo se sientan con el derecho de ejercer su labor de acuerdo a su parecer y con los tiempos que crean necesarios sin obedecer a un proceso estructurado y a un programa acordado y organizado.

Ph: Creativecommons.org

Por Carlos Alberto Ocampo, Economista y gerente general de Facturas y Negocios S.A.S.

 

 

 

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