Educación, ¿Para qué?

Desde que nacemos, nuestros padres o las personas encargadas empiezan a formarnos: nos enseñan a alimentarnos, a gatear, caminar y desarrollar aptitudes físicas; a tener horas de descanso, a relacionarnos con los demás, a distinguir entre el concepto de “bien” y de “mal”, nos dicen que tenemos que prepararnos para “tenerlo todo”. Esta invitación usualmente hace referencia a lo material: básicamente nos motivan a tener una casa y un carro.  Este proceso de transmisión de conocimiento y costumbres se lleva bajo los estándares de lo que es “políticamente correcto” y en virtud de lo que en el hogar se ha vivido.  Al parecer hasta que morimos estamos en un constante aprendizaje, bueno, si es que así lo decidimos, pues nadie está obligado a hacerlo. A continuación cito la que en mi concepto fue, la mejor definición de los objetivos de la educación, texto que nos lleva a reflexionar un poco más profundo, en el sentido de la educación. 

“El principal objetivo de la educación consiste en formar personas que sean capaces de hacer cosas nuevas y no simplemente de repetir lo que en otras generaciones han realizado. Se necesitan hombres que sean creadores, que estén pletóricos de inventiva y que sean capaces de descubrir algo original. El segundo objetivo de la pedagogía consiste en formar mentes críticas, ávidas de licor de la verdad y que no estén dispuestas a aceptar gratuitamente todo lo que se les ofrece. El gran peligro que se cierne sobre nuestras cabezas consiste hoy en día en los tópicos, en las frases hechas y que repiten como papagayos las masas. Tenemos que ser capaces de resistir a esta presión, de criticar y de distinguir entre lo que es verdad y los que es mera opinión. Necesitamos para ello alumnos activos, capaces de aprender por sí mismos, en parte gracias a su actividad espontánea y en parte también a través de los datos que les brindemos; alumnos que aprendan rápidamente a distinguir entre lo que es verídico y lo que es gratuito.” Piaget y la teoría del desarrollo intelectual (1989).

La necesidad de educarnos no debe ser satisfecha únicamente para poder obtener todo lo que materialmente nos falta o para como nos dicen en Colombia “ser alguien en la vida”, refiriéndose a lo obtención de bienes tangibles ya que aquí se considera que mientras uno esté bien económicamente, en esa misma medida se es alguien. Con el planteamiento anterior no intento rebatir la idea de que asistir a los centros educativos para obtener diferentes grados de escolaridad, en definitiva, es una condición que permite el ascenso social y el desarrollo económico.  No obstante lo anterior, la sociedad debe empezar a entender que la educación debe abarcar otros aspectos fundamentales para la evolución del ser humano, y esta no solo depende del aspecto cognitivo.  La educación no debe circunscribirse exclusivamente a la asistencia puntual al Jardín, al Colegio y a la Universidad. La educación debe practicarse como un concepto mucho más amplio, en el que en efecto se nos debe transmitir un conocimiento general, acompañado de una práctica que permita emprender una labor para contribuir a la sociedad, pero también debemos ser educados para respetar al otro y convivir con las diferencias que esa misma educación implica, y por último aprender a ser.

En la sociedad actual no se incentiva el aprender a convivir y el aprender a ser. En los hogares y colegios se acostumbra a imponer lo “correcto” y a no tolerar lo diferente, se habla de una verdad que debe ser aplicada, pero la verdad de uno puede que no sea la del otro, y en esa coyuntura es donde debemos educar para aprender a convivir con los contrastes, hay que partir de la existencia de verdades relativas y que por demás nos permiten crecimiento y aprendizaje. Los seres humanos debemos ser libres y autónomos, en esas condiciones se puede desarrollar un pensamiento crítico que permita que los seres humamos hagamos aportes reales para mejorar en algún sentido esta compleja sociedad que nosotros mismos nos hemos encargados de crear.

Ph: Creativecommons.org

Artículo escrito por Andres Camilo Supelano, profesional en negocios internacionales y director de negocios de Facturas y Negocios S.A.S. 

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